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¿Cómo afrontar la ansiedad?

En todos los trastornos de ansiedad son comunes pautas rígidas e inflexibles de evitación emocional que terminan por convertir un problema de la vida en un trastorno psiquiátrico.

Desde las nuevas terapias contextuales, se considera que precisamente esa evitación es el proceso problemático esencial que conduce a vivencias desordenadas de ansiedad y miedo. Por eso, trabajar en esa evitación experiencial es uno de los objetivos concretos más importantes del tratamiento.

Como alternativa a la evitación, se ofrece la aceptación, como opuesta a la lucha pero no de manera pasiva. Es decir, la práctica de la aceptación consciente y la actitud de “estar dispuesto” mientras se están experimentando sensaciones corporales, pensamientos o sentimientos desagradables (independientemente de que esta aceptación sea una respuesta espontánea o deba practicarse). El objetivo no es sentirse bien, sino ESTAR BIEN a pesar de estar experimentando sensaciones internas desagradables.

Sin embargo, llegados a este punto debemos rellenar el hueco que ha dejado el abandono de la lucha contra el malestar realizando algo que nos proporcione algún beneficio: El compromiso.

La evitación experiencial produce en las personas una serie de preocupaciones que desembocan en una vida limitada y una gran cantidad de sufrimiento. Así pues, mediante la terapia, se anima los pacientes a echar un profundo vistazo a su vida para identificar sus valores al tiempo que se comprometen a poner esos valores en práctica, mediante acciones libremente elegidas, pero sin esperar a “estar bien” para iniciarlas. SIN PONER EN PAUSA LA VIDA para poder atender a ese sufrimiento, sino vivir a pesar de él.

El alivio de los síntomas, de hecho, puede comenzar a darse a medida que se trabaja en la aceptación y así será también cuanto más comprometida esté una persona en los valores que realmente son importantes para su vida.

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ANSIEDAD: Qué es, cuándo aparece y en qué consiste

¿QUÉ ES LA ANSIEDAD?

La ansiedad es una respuesta natural hacia una situación estresante de la vida cotidiana, en este sentido, se trata de una respuesta adaptativa y sana sin la cual resultaría peligroso, y por tanto problemático, vivir. Sin embargo, una ansiedad desproporcionada interfiere con nuestras actividades diarias.

Las personas con Trastorno de Ansiedad Generalizada se encuentran ansiosas casi todo el tiempo sin causa aparente, llegando a paralizar su vida, en mayor o menor medida, con el fin de evitar las sensaciones desagradables que les produce. Sus características diagnósticas han variado mucho en los últimos 20 años, sin embargo, el debate ha girado siempre en torno a la consideración de este trastorno como una categoría diagnóstica propia o formando parte de otros trastornos.

 

¿CUÁNDO APARECE LA ANSIEDAD?

El Trastorno de Ansiedad Generalizada suele comenzar en la adolescencia o principio de la vida adulta (alrededor de los 20 años) aunque su inicio después de los 20 años no es raro. Es importante tener en cuenta que cuanto más temprano es el inicio mayor tiende a ser el deterioro asociado. El curso es de carácter crónico pero fluctuante, con frecuentes agravamientos coincidiendo con períodos de estrés.

Las mujeres son diagnosticadas el doble que los hombres. También es más frecuente en personas de entre 24 y 55 años, en separados/viudos/divorciados, en desempleados o aquellos con menores ingresos y en amas de casa. En cambio, es interesante que el nivel educativo, la religión o el entorno rural/urbano no parecen influir en este caso.

 

¿EN QUÉ CONSISTE LA ANSIEDAD?

Tradicionalmente los trastornos de ansiedad se han afrontado ayudando a los clientes a enfrentar las situaciones o estímulos asociados con la ansiedad con el fin de extinguirla. Sin embargo, más recientemente se ha comenzado a centrar la intervención  en un tipo más general de evitación conocido como “evitación experiencial”.

La evitación experiencial hace referencia a los intentos y esfuerzos de una persona por evitar, suprimir o alterar de otro modo la forma de las vivencias personales evaluadas negativamente. De esta forma, cuando una persona con agorafobia evita lugares públicos no está evitando esos lugares como tales, está evitando la vivencia de sus pensamientos y sentimientos asociados con el miedo que le producen tales lugares. Escogido este ejemplo por su sencillez, el mismo mecanismo sería aplicable a un Trastorno de Ansiedad Generalizada aunque pudiera resultar más complejo.

La idea es que el tema esencial en los trastornos de ansiedad es el miedo al miedo o, más en general, el miedo a un sentimiento negativo o experiencia inconfortable y la consiguiente evitación experiencial, el “hacer todo lo posible para evitar la vivencia del miedo”. La función principal de la evitación sería minimizar el impacto de las experiencias aversivas, cuando en realidad esta tendencia a la evitación es precisamente lo que conduce al miedo (sin evitación no habría miedo al miedo).

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